viernes, 4 de diciembre de 2009

Testimonios de viajeros que pasaron por Salamanca en el siglo XVIII

En este interesante dibujo realizado por Fray Francisco Ajofrín en 1764, retrata el perfil de Salamanca, allí podemos notar al centro con el número 2, lo que era el templo del Expiatorio, a la derecha el Convento de San Agustín tiene el número 3. Y en la parte izquierda con el número 1 la Parroquia Antigua. Se ve claramente como dibuja el río Grande, y al centro en primer plano el Molino del Convento Agustino, lo que conocíamos como El Molinito.

Buscando testimonios antiguos que nos refieran algo respecto al Señor del Hospital encontramos algunos escritos del siglo XVIII en donde personas con distintas encomiendas, la mayoría estudios de minas en la zona, que al dirigirse a Guanajuato y Zacatecas pasaban por Salamanca y en sus diarios de viajes van dejando notas de cómo es cada una de las poblaciones, así fue que di con el Diario de viaje a la Nueva España de Fray Francisco Ajofrín, escrito en 1764:

“En el valle de Santiago me hospedó don Francisco Zalamea con afecto y devoción, era mercader rico, tenía una hija casada con don Blas López de Espinosa, natural de Rioseco. Aquí estuve hasta el 20 de julio de 1764, por la mañana fui a comer a Salamanca, pasando por varios ranchos y haciendas, pasado el río Grande en canoas, 6 leguas distante. No es Salamanca ni sombra de la española Salamanca, es población corta, despilfarradora, en situación triste y melancólica. Lo mejor que tiene, o por mejor decir, lo único, es el convento de Padres Agustinos que con magnificencia está fabricado a su costa el Reverendo Padre Ortega, Provincial de Michoacán, que sin duda la más rica y poderosa de toda la Orden. Aquí llegué con pierna hinchada y queriendo continuar a pie, me sucedió lo que diré luego, después que formé un breve mapa de este nuevo Salamanca en obsequio del antiguo”.

Retrato del cuadragésimocuarto Virrey, Joaquín Montserrat y Ciurana, Marqués de Cruillas (1700-1771)

En 1760 el Virrey, marqués de Cruillas, Joaquín de Montserrat y Ciurana comenzó a gobernar agobiado por los terribles estragos ocasionados por una epidemia de viruela y por los efectos de las lluvias que anegaron las ciudades y minas del Bajío. Esta circunstancia impidió al virrey satisfacer las exigencias económicas del monarca, incrementadas por las necesidades de la guerra que se libraba con Inglaterra. No sólo se redujo la producción de plata, sino también la de tabaco y la de pulque; eso sin contar con que era muy complicada la recaudación de impuestos. Para 1766 ordena a su capitán de Ingenieros una inspección de las condiciones reinantes en interior del país, a su paso por Salamanca esto es lo que anota:

"Salamanca es una villa que incluye bastante gente, pero de poca razón, y el número de casas llegará a mil, todas bajas y de adobes. Sobresaliendo su iglesia parroquial servida por un Cura Clérigo y un Convento de Agustinos. Está situada a orillas del río Grande cuyo origen se halla en las inmediaciones de Lerma, pasa por Salamanca, Guadalajara, Colima y desagua en el Mar del Sur en San Blas. La gente que compone esta población está sujeta a su Alcalde Mayor”.

Este es el Convento Agustino al que se refiere el explorador y navegante español Francisco Mourelle.

Para 1790 el explorador español Francisco Mourelle en su pasaje por Salamanca el 18 de noviembre, queda asombrado, como muchos en la actualidad, por el Templo de San Agustín y escribe:

“Aquella población por sus tributos, comercio y extensión, me ha parecido compuesta por 13 a 14000 almas, implementadas en la labor de las tierras, pues tiene un valle vecino de Santiago, y reciben de las mantas de algodón que tejen, más de 9000 pesos anuales, con cuya agricultura e industria subsisten medianamente todos sus habitantes; sin embargo las muchas ruinas que se ven por sus orillas, son seguras señales de que en otro tiempo tuvo mayor número de pobladores aquella villa.

El costoso Convento de San Agustín, que ocupa el frente del medioldía de su plaza, fuera obra digna de admiración si una mano inteligente y facultativa la hubiera proyectado, pues a más del gusto que le falta, las divisiones interiores dejan conocer que su todo no existió en la mente de ningún hombre; la infinita talla de sus retablos, las bóvedas, los espaciosos claustros, los grandes aljibes y otras muchas oficinas deponen la inmensa masa de caudales que se distribuyeron , y que no habrán tenido poca parte en la conservación de la villa. No hay duda que los Conventos grandes de las mejores provincias, no son comparables en sus costos con esta obra, que concluyeron dos religiosos, de los cuales el uno es el Padre Provincial pasado de la Provincia de Michoacán, a quién llaman absoluto; me franqueó el Convento y costosas alhajas que hay en él, para que considerase la profusión con que se trabajó”.

Un detalle apenas de lo que vio y asombró a Mourelle cuando pasó por Salamanca en 1790.

Mourelle, el gran desconocido, jugó un papel muy importante en las exploraciones del Pacífico norte, cuando peligraban las costas de Alaska y la península de Nookia de caer en manos de Rusia.

http://www.elgrancapitan.org/portal/index.php/articulos/figuras-historicas/1104-mourelle-da-rua-el-gran-olvidado

Para la redacción de este artículo me apoyé en Diario de un Viaje a la Nueva España, Fray Francisco de Ajofín. Secretaría de Educación Pública, Colección Cien, México 1986. Testimonios sobre Guanajuato, recopilación de Isauro Rionda, Editorial la Rana, Guanajuato, 1989.

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